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Opinión

En 100 días no le han quitado una pluma al ganso

DEVERAS

Por: GERARDO VARGAS LANDEROS

Un cambio verdadero, un predominio de una narrativa diferente, un viraje de 180 grados en el estilo de gobernar y otro orden de prioridades al asignar los recursos presupuestarios. En síntesis, un nuevo régimen se ha implantado en México en estos 100 días en que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha recorrido con singular velocidad y paso decidido el trayecto de ascenso cualitativo que va de la toma de posesión del cargo presidencial (la investidura oficial protocolaria) a la toma del poder real que implica blandir las palancas y poleas del control de la maquinaria del Estado mexicano.

En estos tres meses, la figura política presidencial adquirió relevancia y protagonismo a través de las conferencias de prensa mañaneras en Palacio Nacional, que en realidad vienen a ser la continuación lógica y cronológica de los cinco meses previos en que AMLO fue el centro gravitacional de la noticia, marcando el rumbo y ritmo de la agenda nacional .

La atención de los medios impresos y electrónicos, así como de las redes sociales, ha girado en torno de las respuestas, las declaraciones, gestos y discursos del presidente en todos los tópicos polémicos: la cancelación del aeropuerto de Texcoco, la promulgación de la ley que crea la Guardia Nacional, el combate al huachicol, la iniciativa de ley para la reducción de las comisiones bancarias, el incendio del ducto de Hidalgo, el abucheo a los gobernadores en los mítines, las denuncias personalizadas de corrupción en la CFE, los escarceos de descalificar el rango crediticio de Pemex, la designación de los ministros de la Suprema Corte y de los consejeros de la Comisión Reguladora de Energía, la postura diplomática en el conflicto de Venezuela, el enredo de las estancias infantiles y las casas de refugio para mujeres víctimas de violencia, por citar algunos.
Incluso, en estas conferencias matutinas hace unos días el presidente Andrés Manuel López Obrador sacó a relucir un asunto que nos concierne a los sinaloenses, en relación con el caso de la Playa Espíritu en el municipio de Escuinapa, en cuya compra de terrenos Fonatur erogó 120 millones de dólares.

En este maremágnum cotidiano de preguntas y respuestas, emerge airosa la imagen (antes se llamaba prestigio) del  presidente Andrés Manuel López Obrador y la opinión pública lo favorece muy ampliamente.

Para explicar este hecho existe en la Ciencia Política un razonamiento que dice: “Para determinar el carácter y naturaleza de un gobierno, hay una fórmula sencilla: todo consiste en fijarse a qué sectores o individuos beneficia un Gobierno con sus políticas públicas (a los ricos o a los pobres) y sabrás a ciencia cierta cuál calificación merece”. Lo demás es retórica, propaganda, como sucedía  con los “cambios” cosméticos y superficiales para que todo siguiera igual de Gobiernos anteriores. 

En este sentido, basta un solo dato duro para ver la gran diferencia: los programas de bienestar social puestos en práctica por la cuarta transformación, en este breve lapso de 100 días,  buscan beneficiar a 28 millones de personas de todas las edades: niños, jóvenes y adultos mayores.

Entonces, debido a que amor con amor se paga, no resulta casualidad que  hoy por hoy AMLO disponga de una aprobación popular de 79.4  por ciento (El Universal 11-03-2019), 26.4 más que los 53 puntos porcentuales con los que resultó electo.